Mascarillas, barbijos o tapabocas ¿serán fuente de conflictos?

Posiblemente los argentinos debamos acostumbrarnos a llevarlos en público y ya comienzan las tensiones entre consumidores particulares y quienes quieren restringirlos sólo al personal de salud. El sistema utilizado en Corea de Sur tal vez sea un buen espejo en que mirarse.

El jefe de Medicina Tropical y del Viajero del Hospital Muñiz, Tomás Orduna, quien forma parte del equipo de asesores del presidente Alberto Fernández en el marco de la pandemia de coronavirus, pidió hoy “que la gente deje de ir a comprar” barbijos ya que es un insumo clave que necesita el personal de salud.
“El uso de la máscara facial comunitaria o casera no tiene que ser un insumo tomado de la reserva que necesitamos para el equipo de salud sino que pase (a ser usado) a partir de una confección casera”, afirmó el médico en radio FM La Patriada, y añadió que “el Ministerio de Salud va a sacar un tutorial para que la gente pueda fabricar máscaras”. (TÉLAM)

¿Cómo solucionó Corea del Sur el tema de los barbijos?

Una nota publicada en The New York Times plantea algunas inteligentes soluciones con una fuerte intervención del Estado para evitar sobre precios y desbastecimiento.

Una calle en Seúl, Corea del Sur. Aunque al principio estuvieron escasas, las mascarillas estuvieron más disponibles luego de que el gobierno compró una proporción sustancial de la producción nacional. Ed Jones/Agence France-Presse — Getty Images

Las farmacias de barrio y la intervención estatal fueron el arma secreta.

El coronavirus se desató en Corea del Sur a finales de enero, cuando Yoo Yoon-sook cumplía seis meses en su nuevo trabajo. Ella se acababa de mudar de Seúl, donde pasó tres décadas trabajando en la misma farmacia, para abrir la Farmacia Hankyeol (“confiable”) en la ciudad de Incheon, cerca del aeropuerto internacional. Yoo aún no conocía bien el vecindario que rodeaba su nueva farmacia “antes de que todo esto ocurriera”, me dijo. Todo se centraba en el coronavirus, todo el tiempo.

Las 1100 farmacias de Incheon, incluida la de Yoo, comenzaron a vender las mascarillas KF-94, equivalentes a las N95 estadounidenses, hasta que se agotaron. Lo mismo ocurrió en las tiendas de los vecindarios y las grandes cadenas minoristas como E-Mart. A medida que los coreanos descubrían la escala y la agresividad de la COVID-19, primero mediante los informes chinos y después por el aumento repentino de casos en el país, la mascarilla con la textura y la estructura que probaron ser las más efectivas contra el virus no estaba disponible, excepto en línea a precios exorbitantes. El enojo de los clientes crecía mientras esperaban afuera de las tiendas. Una farmacia de Incheon colocó un letrero en el que se leía: “Respecto a las mascarillas: las amenazas, la violencia física y los insultos contra los empleados son sancionables mediante el derecho penal”.

La “crisis de mascarillas” llegó a tal grado que el gobierno central decidió intervenir en la producción y distribución. A finales de febrero, anunció que compraría el 50 por ciento de las mascarillas KF-94 a los cerca de 130 fabricantes de la nación. El gobierno comenzó a distribuir esas mascarillas a un precio rebajado por unidad de 1500 wones (alrededor de 1,23 dólares) a unas 23.000 farmacias, en colaboración con la Asociación Farmacéutica Coreana.

Las farmacias no ganaban más de algunas decenas de centavos en cada venta —algunas incluso reportaron pérdidas de dinero debido a las comisiones de las tarjetas de crédito—, pero asumieron su papel en la respuesta a la epidemia. Los farmacéuticos con licencia estaban en una posición ideal para responder preguntas sobre la COVID-19, brindar instrucciones sobre el distanciamiento social y el uso apropiado de las mascarillas, y para referir a los enfermos a estaciones de prueba en campo y hospitales. (En las áreas rurales de Corea del Sur, donde hay menos farmacias, las oficinas cooperativas de agricultura y las de correos venden las mascarillas).

En la Farmacia Hankyeol, Yoo colocó un letrero en la puerta que indicaba a los clientes que la venta de las mascarillas KF-94 comenzaría a las 9:00 cada mañana. Era imposible surtir recetas o vender cualquier otra cosa durante el frenesí de las mascarillas. “Todos los que trabajamos en farmacias locales, publicábamos los diversos horarios de venta en nuestra puerta y un mapa de todas las tiendas cercanas”, me dijo ella. Las aplicaciones populares de mapas de Kakao y Naver también mostraban información sobre las farmacias y los números en tiempo real de mascarillas disponibles.
A Yoo inicialmente le asignaron cincuenta mascarillas por día, seis días a la semana, pero no eran suficientes. A medida que los números de infectados y letalidad crecían en Corea del Sur, las personas se sentían desesperadas por protegerse. En todo el país, los farmacéuticos seguían enfrentando largas filas e insultos cuando las mascarillas se acababan.

Foto De an Sun en Unsplash

El 5 de marzo, el gobierno incrementó su porcentaje de compra de mascarillas al 80 por ciento de la producción nacional. Al día siguiente, Yoo recibió un mensaje de texto del presidente Moon Jae-in dirigido a “los farmacéuticos de Corea”. Además de ampliar la fabricación de mascarillas, el gobierno estaba a punto de comenzar un nuevo sistema de racionamiento.
“A partir de hoy, el 70 por ciento de todas las mascarillas adquiridas a través del sistema público de distribución será vendido en farmacias”, escribió Moon. “Las farmacias son el nodo primario en tierra de nuestro sistema de salud pública”. Todos los ciudadanos y los no ciudadanos registrados podrían comprar dos mascarillas por semana en un día de la semana asignado según su año de nacimiento, un sistema similar al usado en Taiwán desde principios de febrero.
La Asociación Farmacéutica de Incheon alentó a sus miembros a mantener sus tiendas abiertas los domingos, para recibir tantos cargamentos diarios como fuera posible, así que Yoo comenzó a trabajar siete días a la semana. Su envío diario se modificó de cincuenta a cuatrocientas mascarillas, y más durante los fines de semana.

Corea del Sur y Taiwán respondieron a sus crisis de mascarillas con intervenciones significativas en el mercado. Estados Unidos necesita hacer lo mismo. El gobierno estadounidense, así como los organismos estatales y municipales deben firmar de inmediato contratos de gran escala para fabricar mascarillas que puedan ser vendidas a un precio asequible y estándar.

Por E. Tammy Kim en https://www.nytimes.com/es

07/04/2020

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