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Desiertos reales, Hungría e Italia ¿dónde se rodó Dune: Parte 2?

Desiertos reales, Hungría e Italia ¿dónde se rodó Dune: Parte 2?

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La película de ficción con Timothée Chalamet, Zendaya, Florence Pugh y Javier Bardem tuvo como escenarios los desiertos de Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, pero también en destinos como Budapest e Italia.

"La primera película era el aperitivo, donde exponíamos las cartas para entender el juego, y ahora en la segunda jugamos al juego sin límites”. Así definió Javier Bardem Dune: Parte dos en su presentación en Madrid. Así se la vendió el director Denis Villeneuve (Blade Runner 2049, La llegada) cuando le llamó para ofrecerle un papel que casi no tendría tiempo ni relevancia en la primera parte, pero que es ahora fundamental en esta secuela.

Bardem es Stilgar, líder de los Fremen, la población autóctona de Arrakis, el árido planeta que, a pesar de ser casi inhabitable por su falta de agua y exceso de sol, está lleno de especia, el polvo mágico del desierto que da el poder de la galaxia a quien lo controla. Al final de la primera película, Stilgar acepta entre los suyos a Paul Atreides (Timothée Chalamet), casi convencido de que este noble con muchas ganas de aprender las tradiciones desérticas es el mesías que llevan toda su historia esperando. A su lado, la escéptica Chani (Zendaya), que también juega un papel mucho más importante en Dune: Parte dos. “Esto es una historia de amor”, dice claramente Villeneuve, entre Chani y Paul, es el corazón y motor de un filme lleno de peleas, gusanos de arena y sonido atronador.

Dune: Parte dos es un viaje en sí mismo. O dos. O varios. Es una historia de amor, sí, pero también es el viaje de madurez que realiza, por fin, Paul Atreides para alcanzar el lugar reservado para él, para vengar la muerte de su padre frente a los Harkonnen. Un viaje de liderazgo que tiene un destino muy gráfico, una de las secuencias más difíciles de esta secuela: Chalamet cabalgando el mayor gusano de arena nunca visto. “Dos años de trabajo para una escena de un minuto y medio”, se ríe Villeneuve. Tres meses tardaron en rodarla.

Además, es el viaje de los Fremen hacia las tierras inhóspitas del sur. Y su vuelta hacia el norte para reclamar sus terrenos robados. Sus recursos explotados. Frank Herbert escribió Dune en 1965, pero todos los temas que trata a través de una compleja mitología de fantasía y ciencia-ficción siguen siendo relevantes hoy. Mucho. Lo eran en los años 80 cuando un adolescente Villeneuve leyó por primera vez la novela y empezó a soñar con verla en cine. Y lo son hoy, cuando el cineasta canadiense ha completado su sueño en dos películas épicas, de enormes dimensiones, más aún en esta segunda parte.

LOCALIZACIONES DE ‘DUNE’

En la primera Dune, la Península Stadlandet, en Noruega, como el planeta Caladan, residencia de los Atreides; el desierto Rub al-Khali, en Arabia Saudí; y Wadi Rum, en Jordania, fueron las principales localizaciones; en Dune: Parte dos, Villeneuve sabía que tenía que volver un poco a esos lugares, pero también quería otros, quería marcar la diferencia porque Arrakis se expandía.

“Es sobrecogedor”, dice Paul sentado en lo alto de una duna mirando al eterno desierto cuando el sol se está poniendo. “No sé con qué otra palabra describir la emoción de estar en esas localizaciones”, dice el productor Patrick McCormick. “En Jordania, parecía que cada una de las formaciones rocosas era una obra de arte en sí misma, compitiendo con catedrales medievales o renacentistas de Europa”.

Jordania fue la localización principal de Dune: Parte dos, pero fueron más allá del muy cinematográfico desierto de Wadi Rum (donde se ha rodado desde Lawrence de Arabia a Star Wars). “Rodamos en Al Siq, cerca de Wadi Araba. Fotogénico y poderoso”, dice McCormick. Cada localización les ofrecía distintas oportunidades y las aprovecharon al máximo, dividiendo más de lo habitual las secuencias para aprovechar y optimizar “cada formación rocosa y cada puesta de sol”. Y, además, se llevaron su propia formación rocosa, la de las trampas de viento, en helicóptero desde Budapest.

También vemos dunas de Emiratos Árabes Unidos, donde rodaron la famosa escena del gusano de arena, después de prepararla en los estudios de Budapest donde volvieron a construir todos los sets cerrados. O casi todos… porque hay una localización muy especial en esta secuela: el Santuario Brion, en San Vito, Italia. “Es una maravilla arquitectónica diseñada por Carlo Scarpa. Es increíble y único. Fue la inspiración de la arquitectura de Caladan en la primera película, pero no pudimos rodar allí”, explica la productora Tanya Lapointe. Para la segunda, lo intentaron de nuevo.

Patrice Vermette, el director de arte de Dune, contactó a la familia Brion, que siempre se había negado a dejar el Memorial para rodajes, y, para su sorpresa, aceptaron. “Son fans de la novela de Frank Herbert y de la adaptación de Denis Villeneuve, así que nos dejaron entrar a filmar y sólo tuvimos que añadir algún mueble”. Brion es, en pantalla, el palacio del Emperador (Christopher Walken) y la Princesa Irulan (Florence Pugh), cuyos pasillos y jardines se ven bien con la llegada de la Reverenda Madre (Charlotte Rampling) y las otras Bene Gesserit.

Fuente https://www.traveler.es

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