Recorrer los escenarios que marcaron la vida y la obra de Salvador Dalí es penetrar en un universo creativo único, donde la genialidad, la extravagancia y la provocación conviven con paisajes que parecen salidos de un sueño.
La ruta comienza en el llamado Triángulo Daliniano, en Cataluña, un recorrido que permite entender la esencia del artista a través de los lugares que inspiraron su obra y conservan su huella más íntima. El punto de partida es el Teatro-Museo Dalí en Figueres, una construcción sorprendente que parece hecha para desafiar la lógica. Considerado el objeto surrealista más grande del mundo, fue diseñado por el propio artista como un regalo a su ciudad natal.

Allí se despliega una muestra única que él mismo organizó y que revela sus múltiples facetas. Desde este museo se extiende una caminata por rincones de Figueres ligados a su historia, guiada por las pequeñas hormigas grabadas en las baldosas del suelo, que conducen a la Casa Natal Salvador Dalí, hoy convertida en una experiencia inmersiva que permite conocer en detalle su infancia y sus primeros pasos creativos.
A pocos kilómetros aparece Portlligat, en Cadaqués, donde Dalí vivió y trabajó durante más de cuatro décadas. Su casa, construida a partir de antiguas barracas de pescadores, es un espacio laberíntico que conserva su espíritu más íntimo. Desde sus ventanales se contempla el paisaje del Cap de Creus, una de las grandes obsesiones del pintor, cuya luz y siluetas se filtraron en muchas de sus obras. Allí se respira el clima mediterráneo que marcó su estética, y aún pueden verse su taller, sus objetos personales y el jardín donde él y Gala pasaban largas horas.

Otra pieza fundamental del triángulo es el Castillo Gala Dalí, en Púbol, un antiguo castillo gótico transformado por el artista en un refugio para su musa. Cada sala, cada detalle y cada rincón hablan del vínculo entre ambos, de la devoción que Dalí sentía y de cómo la arquitectura se convirtió en parte de su lenguaje surrealista. El castillo, rodeado de jardines intervenidos con su estilo característico, permite comprender no solo al artista, sino también la historia detrás de una de las parejas más emblemáticas del arte del siglo XX.
El entorno natural del Cap de Creus completa este viaje, un paisaje que Dalí definía como su paraíso místico. Sus formaciones rocosas, la costa recortada y la luz del Mediterráneo fueron fuente directa de inspiración. En la cala de Cullaró, por ejemplo, una roca específica dio origen a uno de sus cuadros más famosos, El gran masturbador. Caminar por estos senderos es reconocer escenarios que se repiten en sus obras, una conexión viva entre naturaleza y creación.
Para quienes desean seguir profundizando en su legado, Madrid ofrece un cierre perfecto con dos museos imprescindibles. El Reina Sofía alberga algunas de sus pinturas más emblemáticas junto con obras menos conocidas, como sus incursiones en el cubismo o sus colaboraciones cinematográficas con Luis Buñuel. A pocos pasos, el Museo Thyssen-Bornemisza exhibe piezas icónicas que revelan su imaginario más profundo y su capacidad para transformar lo cotidiano en algo extraordinario.

Este viaje por la vida y obra de Salvador Dalí permite no solo descubrir paisajes cautivadores, sino también entender cómo cada rincón de España alimentó su imaginación. Un recorrido que mezcla arte, historia y naturaleza, ideal para quienes disfrutan de experiencias culturales que dejan huella y que permiten mirar el mundo con un poco más de surrealismo.