Con raíces griegas y una historia marcada por múltiples civilizaciones, Nápoles despliega un patrimonio que no se guarda en museos, sino que se respira en sus calles. Monumentos milenarios, gastronomía emblemática, leyendas urbanas y una vida cotidiana intensa conviven bajo la mirada constante del Vesubio, dando forma a una ciudad única, vibrante y profundamente auténtica.

Nápoles es una ciudad donde la historia no se observa a distancia, sino que se vive en movimiento. De origen griego y atravesada por romanos, bizantinos, normandos y españoles, su pasado se expresa en cada calle, en los edificios, en los rituales cotidianos y en una identidad marcada por contrastes. Entre monumentos milenarios, leyendas populares y una gastronomía que es símbolo de pertenencia, la capital del sur italiano ofrece una experiencia intensa y auténtica, donde el presente convive todo el tiempo con siglos de memoria.
Pero la ciudad no se define por un solo estilo. Despliega un verdadero mosaico arquitectónico donde conviven distintas épocas: la catedral, el Castel dell’Ovo y el Castel Nuovo conservan huellas medievales, mientras que la impactante fachada de la Chiesa del Gesù Nuovo refleja el renacimiento véneto adaptado al sur de Italia. El neoclasicismo también deja su marca en espacios emblemáticos como la Piazza del Plebiscito, la basílica de San Francisco de Paula y el Teatro di San Carlo, obras impulsadas durante la influencia borbónica, especialmente bajo el reinado de Carlos III, quien residió en el Palazzo Reale, un edificio que fusiona armoniosamente barroco y neoclásico.

Un recorrido por este destino invita a viajar directo al corazón de la Antigüedad. La visita a Pompeya -junto con Herculano- es casi obligada: ambas ciudades, sepultadas por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., permiten caminar por calles, casas, templos y antiguos comercios que revelan con asombroso detalle la vida cotidiana de la Roma imperial.
La experiencia se completa con la Nápoles subterránea, los templos griegos de Paestum, cerca de Salerno, y el prestigioso Museo Arqueológico Nacional, donde se conservan piezas únicas como el Mosaico de Issos, que representa a Alejandro Magno en batalla. Y como todo viaje también se disfruta a través del paladar, la ciudad ofrece una gastronomía memorable: además de la clásica pizza Margherita, se destacan la pizza frita, los spaghetti alle vongole o a la puttanesca, la mozzarella de búfala, los mariscos frescos y postres tradicionales como el sfogliatello o el babà al ron, verdaderos símbolos del sabor napolitano.
Las compras, las creencias y la vida urbana forman parte del pulso diario de Nápoles. Calles como Via Toledo y Via dei Tribunali reflejan la energía constante de la ciudad, mientras que símbolos como el corno napolitano, amuleto contra el mal de ojo que debe recibirse como regalo, revelan la importancia de la superstición en la cultura local. En Via San Gregorio Armeno, famosa por sus belenes, lo sagrado y lo popular se mezclan de manera natural. Para completar la experiencia, alojarse en el histórico Eurostars Hotel Excelsior —inaugurado en 1908— suma una cuota de encanto: con salones decorados con cristales de Murano y mármoles de Carrara, vistas al Vesubio, al Castel dell’Ovo y al golfo de Nápoles, ofrece el placer de un aperitivo al atardecer o un babà al ron frente al mar, en un espacio que combina lujo, historia y una identidad profundamente napolitana.