La ciudad de Esquel se consolida como uno de los destinos de nieve
más completos de la Patagonia argentina, con fácil acceso, variedad de pistas para todos los niveles y una oferta que combina naturaleza, gastronomía y hospitalidad.
El centro La Hoya decidió prolongar su temporada de nieve hasta el 4 de octubre, ofreciendo nuevas oportunidades para disfrutar de una experiencia integral de montaña durante las primeras semanas de primavera. Ubicado a solo 13 km de Esquel, el Centro de Actividades de Montaña La Hoya forma parte de la identidad de la ciudad y constituye uno de los principales atractivos de la región.
Durante este invierno, el centro chubutense fue protagonista de una extensa agenda turística y deportiva que convocó a esquiadores, snowboardistas, clubes, familias y visitantes a vivir una experiencia integral de montaña. Uno de los grandes acontecimientos fue la realización del Campeonato Internacional Infantil Patagónico, que volvió a La Hoya después de 15 años y reunió a más de 250 jóvenes de varios países.

Al mismo tiempo, el centro fortaleció su propuesta pensada para todos los públicos: alquiler de equipos, gastronomía, servicios para disfrutar de una jornada completa de montaña, propuestas para distintos niveles y la Escuela Oficial de Esquí y Snowboard integrada por 44 instructores certificados.
Para residentes y visitantes, estas últimas semanas de nieve son una invitación a disfrutar de la montaña, aprovechando los días que quedan de nieve y todo lo que ofrece el destino.

El cerro La Hoya permanece abierto de 10 a 17 horas, y cuenta con 17,6 km de pistas, desde los 1.430 metros de la cota base hasta los 2.075 metros de la cumbre y un desnivel máximo de 645 metros. El pase diario cuesta $100.000 y se puede comprar a través de skilahoya.com. “Lo que más se pondera de La Hoya es la nieve en polvo. Tiene condiciones muy particulares para que a lo largo de toda la temporada prácticamente se mantenga de la misma forma. ¿Por qué? Porque Esquel tiene un clima seco y cuando cae la
nieve también es una nieve seca que se mantiene", explica Víctor Martín Yáñez, guía y técnico en turismo, quien fue secretario de Turismo de Trevelin y director general del Ministerio de Turismo provincial.

A las condiciones climáticas se suma la geografía del cerro: “La Hoya es como una especie de anfiteatro natural, como una medialuna que mira hacia el sur y tiene menos exposición solar”.
Precisamente, esa nieve en polvo marca la diferencia para el esquiador: "Uno se puede deslizar mucho mejor en los esquíes, en los snowboard... Es mucho más parejo, estable. Acá no está la nieve aguachenta que puede paralizar el esquí", dice el guía.
Otra ventaja es el tamaño del centro de esquí. Según destaca, "es medianamente chico, invitando a los esquiadores a familiarizarse con el cerro rápidamente. En cambio, en los grandes centros es más difícil orientarse y hay mucho movimiento y mucha gente. En La Hoya, apenas ingresás ya te sentís como en un centro familiar.
Es un destino ideal para los principiantes e intermedios, y tiene unas pistas maravillosas".
Yáñez también valora la fluidez de los medios de elevación: "Como esquiador, lo que querés es deslizarte, estar en tu mundo, interactuar con la naturaleza. Vas sintiendo el sonido de los esquíes, el viento, la montaña… Pero claro, al terminar de bajar ya hay que volver a subir, y en los centros grandes hay que hacer cola y eso
interrumpe la experiencia. En cambio, en La Hoya todo fluye mucho más rápido: bajás y volvés a subir enseguida".

Y remarca como un plus decisivo la cercanía con la ciudad y toda la infraestructura turística de Esquel. “Después de un día esquiando, la cercanía cobra sentido porque estás cansado y con los pies apretados en las botas rígidas. Al estar a 13 km, te duchás y salís a caminar, a comer, a ver vidrieras… La ubicación es una gran ventaja".

Las experiencias más allá del cerro
La ciudad de Esquel está viviendo un invierno en el que la nieve y el esquí sin multitudes se integran a un amplio abanico de experiencias de naturaleza, tradiciones galesas y gastronomía patagónica. En ese sentido, Víctor Martín Yáñez señala que ningún centro de esquí se sostiene solo con la nieve: "No toda la familia es esquiadora y hay que tener alternativas. En Esquel hay circuitos turísticos muy accesibles a La Hoya, como la Laguna La Zeta, una reserva natural municipal muy atractiva para visitar a solo 5 km. Y también está el paseo en La Trochita -el tren legendario que es patrimonio cultural nacional-, y el Parque Nacional Los Alerces, Patrimonio Mundial de la UNESCO con una de las especies más longevas del mundo”.
“Hacia la estepa está Piedra Parada, formando parte de la caldera de un volcán que entró en erupción hace 45 millones de años, formando cañadones y geoformas. Además, a lo largo de todo el recorrido se pueden observar pinturas rupestres", describe.

El guía recuerda que la zona cuenta también con el laberinto más grande de Sudamérica en El Hoyo, y Cholila, un valle que tiene cuatro lagos y la histórica cabaña de Butch Cassidy.
Un capítulo aparte merece Trevelin y la Ruta Galesa: "Los visitantes pueden disfrutar de las casas de té y visitar el museo sobre la colonia de galeses que llegaron a la Patagonia. Y a 20 km, esa historia se cruza con la cultura mapuche- tehuelche de Sierra Colorada y Lago Rosario”.

Camino a la frontera con Chile, Yañez pone el acento en “el hermoso valle, las cascadas Nant y Fall, algunos de los viñedos más australes del mundo, la plantación de tulipanes, el molino histórico Nant Fach, y el cruce hacia el pintoresco pueblo chileno de Futaleufú”.
Por todo esto, en la región todavía quedan muchos días de esquí, con días largos y flores. Lo que conectará la nieve con los tulipanes, el escenario ideal para vivir un destino auténtico en la Patagonia.
Para llegar a Esquel, hay vuelos directos desde Córdoba y Buenos Aires. También se puede recorrer la Ruta 40, la ruta provincial 25 o la ruta 259, para quienes llegan de Chile.