La catedral de Santa María conserva historias y objetos singulares que permiten descubrir parte del pasado de Tudela, entre ellos la Puerta del Juicio Final, la Llave de la Virgen, las Cadenas de las Navas de Tolosa y la Manta de los Judíos.

Tudela, ubicada a orillas del río Ebro y capital de la comarca navarra de La Ribera, conserva un importante patrimonio histórico en sus calles. Fundada en el siglo IX por los musulmanes y reconquistada por el rey Alfonso I el Batallador en el siglo XII, la ciudad estuvo vinculada a figuras como Musa y Benjamín de Tudela, el célebre viajero que recorrió el Mediterráneo y el Próximo Oriente y dejó sus experiencias plasmadas en El Libro de Viajes (Séfer Masaot). Durante cuatro siglos fue conocida como la “ciudad de las tres culturas”, un espacio en el que convivieron cristianos, judíos y musulmanes y que llegó a albergar algunas de las morerías y juderías más importantes de Navarra.
El patrimonio de Tudela también se refleja en el trazado de su casco viejo, declarado Bien de Interés Cultural. Sus calles, callejones y pasadizos conservan parte de la historia de la ciudad y conducen hasta uno de sus principales atractivos: la Catedral de Santa María la Mayor, un templo que reúne arquitectura, arte y distintas huellas del pasado tudelano.

La Catedral de Santa María la Mayor fue edificada sobre una antigua mezquita y declarada Monumento Nacional en el siglo XIX. Su construcción comenzó en el siglo XII, durante los reinados de Sancho VI el Sabio, Sancho VII el Fuerte y Teobaldo I el Trovador, y se extendió hasta el siglo XIV. El templo fue consagrado en el siglo XV.
La arquitectura de la catedral responde al estilo hispano-languedociano, siguiendo las directrices cistercienses, con elementos románicos y góticos. El edificio tiene 65 metros de longitud y 40 metros de ancho y presenta una planta basilical con tres naves divididas en cuatro tramos, cubiertas con bóvedas de crucería y de cañón. El conjunto también incluye un transepto de cinco tramos, coro, trascoro, cinco ábsides en la cabecera y un claustro.
Las torres de la catedral completan el conjunto arquitectónico. Una de ellas, de estilo gótico, recibe el nombre de Auxa, mientras que la otra, de estilo renacentista y 50 metros de altura, reemplazó a la torre medieval.
La Catedral de Santa María la Mayor ocupa una superficie de 3.400 metros cuadrados y fue elevada a catedral en el siglo XVIII por el papa Pío VI, a instancias del rey Carlos III. El templo conserva numerosas particularidades vinculadas con su historia y arquitectura, algunas de las cuales pueden pasar desapercibidas durante la visita.
El interior de la catedral permite descubrir elementos de distintas épocas. Entre ellos se encuentran numerosos sillares, modillones y canecillos que fueron reutilizados y que pertenecían a la antigua sinagoga judía y a la mezquita musulmana. En sus muros y columnas también se conservan más de 187 marcas de cantería, correspondientes a 33 tipos diferentes.

Los capiteles guardan además una referencia histórica de particular interés: el que está considerado como el primer escudo de Navarra.
Las capillas de la catedral reúnen distintas piezas de valor artístico e histórico. Entre las catorce que forman parte del templo se encuentra la de La Esperanza, presidida por un retablo con la imagen de la Virgen embarazada, a la que acuden las mujeres gestantes en busca de protección. En este espacio también se conservan los sepulcros góticos de alabastro policromado de Mosén Francés, amigo y consejero de Carlos III, y su esposa Isabel, cuyas figuras yacentes muestran con detalle sus rasgos anatómicos.
La capilla de Santa Ana alberga una talla gótica de la santa, patrona de la ciudad. Su diseño barroco incorpora una geometría basada en el octógono, que puede observarse a partir de la estrella ubicada en el centro del suelo, desde donde se trazan las medidas de la capilla y de su cúpula.

La cabecera del templo está presidida por un gran retablo gótico-flamenco, en el que sus autores, Pedro Díaz de Oviedo y Diego del Águila, se representaron entre los apóstoles. Allí también se conserva un singular exvoto formado por las cadenas del campamento de Miramamolín, que Sancho VII rompió, llevó y donó tras la batalla de Las Navas de Tolosa. Junto a estas piezas se encuentra la Virgen Blanca, una imagen románica policromada, de aspecto hierático y solemne, descubierta en 1930 detrás del retablo mayor.
La Virgen es una talla de piedra del siglo XII, representada de manera sedente y con el Niño sobre sus rodillas. La pieza funciona además como relicario: en su interior se encuentra un pequeño receptáculo donde fue hallada una tela hispano-musulmana junto con huesos. Con dos metros de altura, sus dimensiones resultan excepcionales para una obra de su época.

La Llave de la Virgen se encuentra suspendida sobre la imagen, en la parte superior del arco. Según la tradición, fue colocada allí para que la Virgen protegiera la ciudad. Sin embargo, se trata en realidad de un exvoto y ornamento militar dejado por Carlos de Eza y Veraiz, cuarto señor de Eza, y perteneciente al castillo de Piombino, en la Toscana, donde ejerció como gobernador.
El claustro forma parte del recorrido por la catedral y constituye uno de los principales elementos arquitectónicos de la seo tudelana. Construido en el siglo XII, presenta un estilo románico y una planta rectangular, con doce arcos de medio punto en sus lados mayores y nueve en los menores. El conjunto se completa con columnas dobles y triples.
Los capiteles del claustro reúnen una amplia variedad de representaciones. Los 50 capiteles están decorados con motivos simbólicos y vegetales, animales fantásticos, escenas historiadas y hagiográficas y distintos pasajes bíblicos. Entre ellos se destacan las representaciones de la vida de Santiago Apóstol y San Juan Bautista; la vida, dormición y asunción de la Virgen; la vida, pasión y resurrección de Jesús; y la cena de Herodes y el baile de Salomé.
El lado occidental del claustro conserva una pequeña puerta gótica del siglo XIV que conduce a la antigua cárcel catedralicia. En las antiguas dependencias claustrales se encuentra además el museo, donde se exhibe una pieza vinculada con uno de los episodios más oscuros de la historia local: la llamada “Manta de los Judíos” o “Manta de Tudela”.
La Manta de los Judíos es una gran tela, réplica de la pieza original, que permanece desaparecida. Fue confeccionada por cristianos viejos después del decreto de expulsión de los judíos de Navarra, en 1498, y permaneció expuesta en la catedral desde el siglo XVI hasta el XIX. En ella figuraban los nombres de familias de judíos conversos que continuaban practicando el judaísmo de manera clandestina o que habían sido penitenciados por la Inquisición.

El tapiz funcionaba como una forma de castigo y estigmatización social vinculada con la denominada limpieza de sangre. Su historia también está relacionada con el origen del popular dicho “tirar de la manta”.
Las portadas de la catedral marcan el cierre del recorrido por el templo, el claustro y el museo. El exterior conserva tres accesos: la portada de la Virgen, ubicada al sur y considerada la más antigua, donde antiguamente los jornaleros esperaban ser contratados y se reunían los Auroros, devotos del Rosario de la Aurora; la portada de Santa María, situada al norte y orientada hacia el antiguo cementerio, actualmente convertido en plaza; y la principal, conocida como Puerta del Juicio Final.

La Puerta del Juicio Final es una de las portadas más singulares de la arquitectura religiosa española, tanto por sus dimensiones como por el trabajo realizado sobre la piedra y el mensaje que contiene. El conjunto está formado por un arco abocinado con ocho arquivoltas y dieciséis columnas, ocho a cada lado, además de 115 dovelas y ocho claves en las que se representan distintas escenas relacionadas con el Juicio Final.
Las escenas de la portada representan dos destinos opuestos. En uno de los lados aparece la resurrección de los bienaventurados que se dirigen al cielo, agrupados de a dos y de a tres y representados con rostros alegres. En su camino hacia el Paraíso son recibidos por ángeles con coronas y cetros, profetas con filacterias y santos mártires.
Las representaciones de los condenados ocupan una parte considerable de la portada y muestran a las figuras con rostros compungidos mientras avanzan hacia su destino infernal. La escena está presidida por Satanás entronizado y poblada por diablos y demonios que custodian y castigan a los condenados, incluso cortándoles la lengua o las manos con tenazas.
Los pecados y sus castigos aparecen representados a través de distintas escenas que aluden a la gula, la maledicencia, la blasfemia, la lascivia, la lujuria, el adulterio, la avaricia, el juego y otros vicios. El recorrido culmina con la representación de las penas del infierno y las calderas hirviendo.

Estas escenas, además de cumplir una función evangelizadora para una población que no sabía leer ni escribir, reflejan una lucha de poder religioso, político, social y económico entre el rey Sancho II el Fuerte y la Iglesia de Tudela. El monarca protegió a la comunidad judía, mientras que las autoridades religiosas, ante la pérdida de sus diezmos, ordenaron representar en el pórtico distintos oficios vinculados a los judíos —prestamistas, cambistas, mercaderes, carniceros, panaderos y pañeros, entre otros— como forma de estigmatización y advertencia sobre las consecuencias de relacionarse con ellos.
Más allá de la Portada del Juicio Final y de la catedral de Santa María la Mayor, Tudela reúne otros sitios de interés que pueden recorrerse a pie, como el puente del Ebro, de 360 metros y 17 arcos, construido en el siglo XII por Sancho VII el Fuerte, y el Camino Imperial, parte del Camino del Ebro de Santiago. También se encuentran la Torre Monreal, bastión defensivo del siglo XI que alberga la primera cámara oscura de Navarra; la iglesia gótica de San Francisco; la iglesia románica de la Magdalena, con una portada en la que aparecen representados distintos oficios medievales; la Casa del Almirante y los palacios de San Adrián y del Marqués de Huarte, entre otros edificios históricos.
Durante Semana Santa, Tudela suma dos tradiciones singulares que tienen como escenario la porticada Plaza de los Fueros. El Sábado Santo se celebra El Volatín, cuando un muñeco articulado de madera y trapo, con un puro-petardo en la boca, es volteado desde el balcón de la Casa del Reloj en una representación burlesca del suicidio de Judas. Al día siguiente, el Domingo de Resurrección, tiene lugar La Bajada del Ángel, protagonizada por un niño o niña vestido de ángel que desciende suspendido a unos veinte metros de altura.