Probar la verdadera cerveza Pilsen en República Checa

Año a año con año, la fantástica ciudad de República Checa se llena de exploradores que buscan encontrar los tesoros de la bebida más emblemática del destino: La cerveza.

La ciudad de Pilsen tiene una larga historia en la elaboración de cerveza. Los primeros intentos se hicieron a fines del siglo XIII y aún quedan testimonios de aquella época en los sótanos que corren por debajo del Museo de la Cerveza. Aunque, todo indica que los resultados de aquel entonces no eran óptimos.

Tiempo después, por el año 1839, los vecinos de Pilsen obtuvieron un permiso para fundar la cervecería Burgess y construyeron la fábrica. Así, en 1842 se elaboró la primera cerveza pale lager, en 1859 se registró la marca Pilsner Bier y en 1898 cambió su nombre al que tiene hasta la actualidad. Desde aquel comienzo hasta nuestros días, se sucedieron los cambios administrativos y los propietarios de la empresa, que no paró de crecer elaborando siempre su exitosa cerveza rubia.

La llamada “cerveza estilo pilsen” es una rubia pale lager con aroma floral, de baja graduación alcohólica y rotundo sabor a malta, que se bebe con espuma. Sus características distintivas se las da el uso del lúpulo Saaz, la maceración de decocción y el tipo de agua con bajo contenido de minerales de Pilsen.

Cuando se visita la ciudad de Pilsen hay que dejar disponibles un par de horas para realizar el recorrido por las instalaciones de Pilsner Urquell. El circuito completo dura un poco más de una y media, comenzando en la planta de embotellado, con capacidad para 120 mil botellas cada hora.

También se puede conocer la sala de cocción antigua, con sus tanques de cobre, y la moderna, inaugurada en 2004.

Otra curiosidad para recorrer es el pequeño museo donde se explican las características de los distintos ingredientes (cebada, malta, lúpulo, agua) que hacen tan especial a la cerveza de Pilsen.

Podés subir en el elevador más grande de Chequia, con capacidad para 72 personas o cinco toneladas de peso, que lleva al grupo a una sala de cine giratoria para una experiencia única.

Para la última etapa del recorrido hay que abrigarse un poco, ya que la temperatura en los extensos túneles –que funcionaban como bodegas y frigorífico– baja considerablemente.

El gran final es en la sala de degustación, donde es el momento de probar una cerveza sin filtrar ni pasteurizar de edición especial, exclusiva para los visitantes, tirada directamente de los barriles de roble. Se trata de una cerveza difícil de conseguir incluso en Chequia, ya que sólo las cervecerías que tienen una alta demanda pueden ofrecer cerveza sin pasteurizar, dado que su caducidad es mucho más corta.

Al terminar el recorrido, los visitantes pueden darse una vuelta por la tienda, donde comprar algunos recuerditos para llevar a casa, incluidos los icónicos tarros de la marca. También puede ser buena idea hacer una parada en la cervecería más grande de Bohemia, el restaurante Na Spilce, para probar la gastronomía típica checa.

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